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Esta carta la publiqué originalmente para dar respuesta a una pregunta provocativa de Rafael Robles, filósofo español, que me planteó en un foro de discusión: ¿cómo ha inflluído en mi labor docente la experiencia de Comunión y Liberación? La carta puede obervarse también en los archivos de la RED IRIS en el apartado de FILONINOS.
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Estimado Rafael:
Me da mucho gusto la pregunta que haces al final de tu mensaje, es de esa clase de cosas que uno quiere que le pregunten y nadie se atreve. No es ninguna indiscreción contarte mi experiencia como profesor “cielino”, más bien es un gran gusto.
Mira, yo mismo aún no he acabado de dimensionar el impacto que ha tenido Comunión y Liberación a la hora de dar clases, sin embargo creo que puedo contarte algo de mi experiencia que quizá ayude a ir dando una respuesta.
Tu pregunta “¿cómo ha influído CL en mi tarea docente?” se puede entender de dos maneras: cómo ha influido para mí y cómo ha influido para mis alumnos. Desde ambos puntos de vista tengo algo que decir. Empezaré diciendo lo que me concierne en primera persona.
Dentro de lo más sobresaliente está el hecho que cada día que entro a dar una clase lo hago con la convicción de que educar es introducir a la realidad total; esto aplica para mis alumnos pero -y sobre todo- también para mí. Tanto ellos como yo buscamos el significado de las cosas -de la realidad- en su totalidad, queremos saber desde por qué llueve hasta para qué se vive (claro está es que esta última pregunta interesa más existencialmente). Como tu mismo sabrás hay quienes enfrentan con más energía que otros estas cuestiones, pero en todos está presente el deseo de verdad. Esta conciencia me acompaña a la hora de pararme frente al grupo, a veces pienso dentro de mí: “éstos y yo somos lo mismo, en mi caso sólo unos años más hacen la diferencia”, es decir, “ellos buscan lo mismo que yo”, “hay algo que nos identifica, algo por lo cual ellos y yo estamos en este mundo”, ése algo es Misterio, porque en nuestra vida no podemos saber de qué se trata exactamente hasta que alguien nos lo dice: “es la justicia”, “es el amor”, “es la verdad”, “es la felicidad”.
Junto al deseo (de verdad, de justicia, de belleza, de felicidad) también está la pregunta: ¿es posible? Ello implica un dramatismo. Las escuelas en donde he dado clases han sido laicas en el peor sentido del término (no como en Europa en donde por lo menos se “tolera” la clase de religión). Aquí en México el ambiente es un poco diferente; el modo de concebir la enseñanza presiona en una dirección que hace a todos vivir sus convicciones en privado (sea de manera explícita o tácita, luego lo que no se dice presiona más de lo que parece).
Digo que dar una respuesta a la cuestión de si es posible la felicidad es dramático porque uno tiene que enfrentarse con una mentalidad anti-religiosa, lo cual ya es duro, pero encima de ello está el hecho de cómo se entiende lo propiamente religioso: la religión es un formalismo heredado de la familia en donde la iniciativa personal de dar una respuesta queda de lado, así se escucha decir: “soy cristiano porque en mi familia lo son”.
Yo le debo a la filosofía el haber descubierto (con Aristóteles y mi profesor de bachillerato) que soy deseo de felicidad y le debo a CL el haber encontrado la compañía ir hacia ese Destino. Este hecho transforma totalmente mi humanidad y, como una dimensión especial, mi trabajo como profesor.
Si se parte de que los chicos y uno tienen los mismos deseos originarios las cosas se facilitan para mí. Tal vez ellos no lo noten muchas veces, pero para mí esta conciencia hace una diferencia pues ya no me puedo permitir estar distraído ante ellos: es la realidad lo que está en juego. No quiero decir con esto que cuando me relaciono con ellos comprendan todo o queden exultantes después de cada clase (¡ya quisiera que eso pasara!) sino que nace en mí una actitud diferente: la lealtad a la realidad. He aprendido que muchas veces lo que educa es poner cosas (grandes) que estén a la altura de los deseos (grandes) de los chicos. En ese sentido más de una vez he acudido a los autores de “referencia” del movimiento: Leopardi, Pavese, Eliot, Dante, Shakespeare, Camus, san Agustín, etc. Al leer a los clásicos en los chicos va despertando poco a poco el gusto por la buena literatura, pero sobre todo la conciencia de que ellos comparten las mismas exigencias.
En este punto quisiera hablar del impacto de la experiencia de CL con los chicos. Salvo una sola ocasión (cuya reseña se puede ver en el siguiente link: http://victorvorrath.wordpress.com/2006/12/11/%c2%bfquien-es-jesucristo/ ), nunca he hablado abiertamente de Jesucristo en clase, no por lo menos para tratar de “convencerlos” al cristianismo. Yo mismo aborrecí el “activismo” -religioso o político- de muchos de mis profesores cuando era estudiante. Sin embargo la postura educativa de CL sí la he desarrollado ampliamente con algunos buenos resultados (que si se han logrado no he sido sólo yo el que los ha conseguido).
Hace algunos años antes de que acabara un curso una chica dejó un recado en la dirección de la escuela en donde me agradecía el haber descubierto que ella era deseo de felicidad. ¿Te das cuenta? Ya sólo esa notita de una chica a la que nadie bajaba de “perdida”, que venía de una familia disfuncional, de padres alcohólicos, etc., hacía que mi labor ya hubiera valido la pena tan sólo por ese juicio. Desgraciadamente se mudó y ya nunca supe de ella.
Los chicos son listos y perciben bien cuándo alguien es honesto y cuándo no. Espero haber sido lo suficientemente leal con la experiencia que me ha acontecido para haber comunicado más de lo que yo mismo sabía. De cualquier forma siempre queda una sensación de “incertidumbre” porque, como explica Hannah Arendt de la acción, ésta tiene objetivos muy claros pero fines poco previsibles.
Con todo, mi labor como docente, no ha estado exenta de las penurias que a cualquiera le pueden acaecer: alumnos que no responden por más que uno se desgañite, incomprensiones, prejuicios.
¿Cómo ves?
Espero no haberme extendido demasiado; estas cosas no se pueden contar sin emoción y en dos o tres renglones. Ojalá mi respuesta aclare tu pregunta, y si no es así, siempre puedes preguntar más.
Cabe decir que FpN potenció, con su método, mi deseo de dialogar con los chicos y el hecho de hacerles conscientes de sus propias exigencias.
Me gustaría saber tu opinión de todo esto.
Recibe un cordial abrazo,
Víctor

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