Queridos amigos de EdC:
Los apuntes que continuación desarrollo fueron preparados a partir de la petición que uno de ustedes me hizo. Fundamentalmente he tratado de reproducir mi intervención en la escuela de comunidad del jueves pasado (12.05.05). He querido contar mi experiencia a la luz del texto que leímos. Después de leer estas palabras me gustaría que pudieran escribirme algo para saber qué piensan de ellas.
Víctor Hugo
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Fuertemente impactado por el reconocimiento de poseer un corazón, esto es, el hecho de tener deseos de felicidad, de belleza, de verdad, de justicia –a través de la lectura de El sentido religioso de don Giussani– continuamente me pregunto si la vida es bella, buena, verdadera. Me pregunto si yo puedo ser feliz. Cuando los miro a ustedes, respondo: si. Pero luego, al volver a casa y convivir con los vecinos, al ir al trabajo y mirar a mis compañeros, al observar mis alumnos, me doy cuenta que para muchos de ellos la vida más bien es fea, está llena de maldad y no es posible decir que algo sea verdadero. Entonces, vuelvo preguntarme ¿por qué la vida es bella?, ¿por qué es buena?, ¿por qué lo es, por lo menos, para mí? Finalmente me respondo: porque Cristo está, y Cristo está por qué la Iglesia está y la Iglesia son ustedes, con los que convivo cada jueves a las 8:30 de la noche –no son sólo ustedes, claro está, pero son para mí el nervio terminal de Cristo por medio del cual se me comunica Su vida.
Por eso quiero agradecerles su presencia en mi vida, porque a través de ustedes, cada día, mi humanidad se salva de la nada. Hemos leído en la cita de Guardini que en Pentecostés nace la fe cristiana entendida como un “ser en Cristo” por obra del Espíritu Santo[1]. En mi vida es curiosa una nota: cuando me había esforzado en ser feliz por mi propia mano, a través de mi propio esfuerzo individual, la felicidad más lejana se veía; ahora que sigo un hecho que no he fabricado yo, en mí se cumplen todos los deseos que al principio señalaba. Este hecho, Cristo, y el constituirme a través de él, mi “ser cristiano”, me ha llenado de alegría. Esta vida nueva me ha sido dada.
Soy un profesor mal pagado, tengo una esposa que al terminar el día, cuando me recibe, le encuentro con los cabellos crispados por alguna travesura de mis hijos. En el colegio donde trabajo estoy sometido a las ideologías del poder y del éxito, que se me imponen como la única forma verdadera de educar. Mis vecinos nos cuestionan el tener tres hijos. Mis compañeros de trabajo muchas veces viven esta faceta de la vida con desgano, desanimados por el mal sueldo y la falta de interés de los muchachos. Si yo perdiera de vista mi pertenencia a Cristo, cualquier cosa de las que he mencionado me haría sucumbir, paralizaría mi vida. Me he llegado a dar cuenta que es a través de la vida en Cristo, de mi vida en Cristo, como yo puedo ser testigo de la alegría, de la positividad de este mundo. De lo contrario mi vida se pierde. La pertenencia a Cristo es lo que me salva, y lo que abre la posibilidad para que la vida de los que conviven conmigo también se pueda salvar, de hecho de modos muy concretos: el valor para educar, la pasión por el estudio, la alegría en el hogar y en el trabajo.
El don de su amistad, de la amistad con ustedes, de su amistad entendida como compañía hacia el destino, la Iglesia, es un don “dado de lo alto”, del Misterio, vuelvo a insistir, no es una obra mía, por ello como un reclamo para seguir perteneciendo a esta amistad he ido a confesarme el domingo pasado, porque se que sin la gracia, que viene de Dios, no podría continuar caminando.
[1] Cfr. GIUSSANI Luigi, ¿Por qué la Iglesia?, 1. La pretensión permanece, Ed. Encuentro, Madrid, 1997, p. 114.

3 comments
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Septiembre 7, 2006 a 1:06 am
alberto david
YA LEIPERO NO ENTENDI MUCHO PERO QUE ES EdC
Septiembre 11, 2006 a 11:31 pm
victorvorrath
Gracias Alberto, EdC es Escuela de Comunidad
Septiembre 28, 2006 a 2:01 am
alberto david
profe la tengo mi pagina es http://www.blogextremo.com/betodavid