Recientemente la Iglesia católica se ha visto involucrada una álgida polémica sobre el tema del Holocausto donde miles de judíos perdieron la vida a manos de alemanes durante la Segunda Guerra Mundial (SGM).
Las aseveraciones sobre la inexistencia de las cámaras de gas hechas por el obispo británico Richard Williamson hace más de 20 años le valieron la ex comunión, según dio a conocer el portal de noticias de la BBC.
Pero lo que desató un verdadero escándalo mediático fue la postura del Papa Benedicto XVI quien decidió restituir en su cargo a Williamson.
Sobre estos hechos me llaman la atención dos cosas.
La primera es que a nivel de los medios informativos se destaca más el ‘escándalo’ que produce la restitución del obispo que el gesto de perdón que hay detrás de él.
Ciertamente lo que se busca siempre en una nota informativa es resaltar lo más llamativo de un suceso, sin embargo en este caso me parece que lo ‘atractivo’ está por encima de lo ‘importante’.
Aunque es seguro que la decisión que tomó el Papa ha causado polémica entre muchos judíos me parece que la forma en que se ha difundido esta noticia elimina las causas que motivaron tal determinación.
Por otra parte, toda nota debe llevar siempre un adecuado contexto para que el lector pueda comprender de una mejor forma un hecho.
En este caso el contexto es el perdón, un gesto trágicamente incomprensible para muchos actualmente.
El perdón no es el olvido de los agravios, sino una nueva posibilidad de donación.
Esta postura es imposible de comprender sin la figura –sin la presencia histórica de Jesucristo.
Fuera del ejemplo de Jesús el perdón es una utopía o una ingenuidad, una cursilería propia de los faltos de carácter.
Es necesario saber del perdón para entender la actuación del Papa.
En segundo término me resulta llamativa la postura del obispo Williamson, la cual de hecho es una idea bastante difundida y con mucha aceptación. Para ello basta mirar algunos los videos sobre el Holocausto que hay en el sitio Youtube.com.
La negación del Holocausto es la cúspide de los que ha podido hacer el relativismo en nuestra época.
Para quienes lo niegan, el sufrimiento que padecieron los judíos se reduce a comprobar la existencia de los sitios de la masacre; apelando a nombres y cifras históricos desmoronan la historia misma.
Más aún, se desconfía del valor del testimonio, de aquella forma de comunicación que es esencial al ser humano para poder siquiera vivir.
Se niega, en nombre de la objetividad, la fiabilidad de los dichos de aquellos que vieron con sus ojos correr la sangre de los judíos.
Esta actitud plantea un problema histórico y antropológico. Si se acepta la negación del Holocausto se puede negar ya cualquier otro hecho que dependa del testimonio y por lo tanto se puede negar la Historia misma.
Además, a nivel de las relaciones interpersonales planeta la dificultad de confiar en el otro, obligando así a la persona a encerrarse en su yo, quedando imposibilitada para comunicarse con el otro.
Pero, ¿acaso no es esto último signos de lo que ya se vive?
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En su reciente visita a Israel el Papa condenó categóricamente el Holocausto –reconociendo la cifra comúnmente aceptada de seis millones de judíos asesinados.
Asimismo externó su preocupación por que hechos como éste no se vuelvan a repetir.
A pesar de las duras críticas que se vertieron hacia Benedicto XVI él ha seguido la firme convicción de llevar un mensaje de paz a aquellos cuyos antepasados han sido tratados de forma inclemente. Esto, más que expresar un elogio, debe hacernos pensar en que es posible el perdón y es razonable creer en alguien que ha demostrado en la experiencia ser de fiar.

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